El Cerebro Positrónico

THE-POSITRONIC-MAN

Un positrón es una partícula de antimateria predicha en 1928 por Paul Dirac. A pesar de lo rimbombante de su nombre el positrón no es más que la antipartícula del electrón. ¿Es un electrón puesto del revés con las tripas fueras? No, un electrón tiene carga negativa, si lo invertimos su carga se vuelve positiva de modo que es fácil averiguar de donde surge su nombre anglosajón:

Positive Electrón –> Posi-tron

Por tanto el cerebro positrónico es –aceptando la diferencias técnicas y materiales entre el cerebro de una persona y el de un robot– un cerebro normal y corriente, con la salvedad de que los electrones que circulan por el poseen carga positiva. ¿Quieres esto decir que funcionan de igual forma? No, eso es evidente, es una analogía. Cuando hablamos del cerebro positronico tenemos que acudir al creador literario del mismo, Isaac Asimov (1920-1992) quien acuñó el termino en sus propias palabras porque era un concepto nuevo, y los conceptos nuevos gustan al lector. ¿Tiene esto algo que ver con su funcionamiento? Por desgracia tiene que verlo todo, pues el cerebro positrónico –tal y como fue concebido en su día– no funciona.

¿Como es eso posible? ¿No es el pilar fundamental en el que se sustenta la I.A de toda novela de congetura cientifico-social? Sin duda la I.A. de cualquier tipo debe sustentarse sobre un cerebro, pero que este fuese positrónico no le sentaría nada bien, pues en su concepción original Asimov afirmó que esta extraña senda de circuitos descansaba sobre una delicada malla de platino e iridio donde los impulsos cerebrales, que son equivalente a las comunicaciones neuronales, se realizarían mediante un flujo de positrones. Esto en la teoría de hace cincuenta años son un conjunto de frases bien enlazadas y agradables al oido, y en la práctica, es una Bomba.

¿Por qué? No es culpa de los positrones, los pobres solo están hay y hacen lo que se les pide. La culpa proviene de su propia concepción, sus cualidades como no-materia. En teoría concebir un cerebro –cualquiera que sea el modelo a seguir– de materia o anti-materia es “factible”, y cabe la posibilidad de que un cerebro que aúne ambos conceptos sea “teóricamente posible”, pero no lo será este siglo. Esto se debe a la carga, si un elemento de anti-materia como el positrón descansa sobre una partícula de materia como es el caso de la supuesta malla de platino e iridio con carga negativa de inmediato ambas cargas se anulan (¡ah! ¡Y entonces no funciona!) No, entonces libera una cantidad de energía por kilo equivalente a 9×10 elevado a 16 Julios por kilogramo. Unas diez mil millones de veces mas que la generada por reacciones químicas y diez mil veces mayor que la energía nuclear de fisión.

cerebro-positronico¿No lo sabía Asimov? Si lo sabía, incluso indagando en su obra puedes hallar fragmentos en los que comenta la ”inestable y delicada estructura” sobre la que descansa su creación. Más aún, no es algo que escondiese o de lo que se sintiese avergonzado, el sentó unas bases en 1950, e incluso llegó a sopesar el llamar al cerebro positrónico simplemente computador. Pero el termino había calado de tal manera entre el público que decidió que era preferible no tocarlo, pues el mismo fue acuñado por diversos autores en diversas obras de ficción, y si se destapaba el entuerto podríamos acudir algún día a la habitación de Data a bordo de la Enterprise y descubrir que sus sesos positrónicos descansan fundidos por las paredes.

¿Y hoy en día? Estamos en el mismo sitio y el mismo lugar de hace 50 años. No es un problema de material, incluso de haber nacido en esta época es posible que Asimov hubiera echado mano del grafreno como conductor del flujo neuronal, pero el grafeno es de manera literal una estructura de electrones, por lo que no solo tendría el mismo problema sino que seguramente se le sumaría algún agravante. Los robots con cerebro positrónico siguen siendo una meta que la imaginación cree capaz de solventar con la antigravedad, pero hasta entonces y durante los próximos cientos de años tendremos que contentarnos con procesadores cuánticos que trabajen sobre una base de superconductores.

La humanidad de Asimo

Asimo sabe saludar.

¿Porqué es Asimo el robot/cyborg/androide más mainstream de los últimos diez años? Bueno, tal vez habría que empezar mencionando el buen hacer de la compañía Honda. Que no se limita a soltar millones en investigación sino que suele contar con un plan de marketing para cada uno de sus prototipos, desplazándolo a conferencias, universidades y ferias tecnológicas por todo el globo. Pero al margen de que no pasen 365 días sin contemplarlo en nuestro televisor, su fama se la ha forjado el solito.

No es en absoluto sencillo ser considerado “el robot mas guay” –y menos años tras año cuando dicha grandeza no radica en el termino “guay” sino en que empleamos el determinante “él”–. La competencia en la tierra es feroz. En Suiza tienen un brazo biótico que es capaz de interceptar y coger en vuelo y a altas velocidades, un objeto en un margen de cinco centésimas de segundo. En Alemania reproducen robots que simulan la fisonomía de animales específicos para estudios de ingeniería y eficiencia energética –un canguro memorable–. E incluso echando la vista atrás aun persisten viejos luchadores como el mítico Wheelbarrow y sus descendientes EOD de madres distintas, especializados en la desactivación y detonación de explosivos.

A medida que nos alejamos de la tierra la competencia se vuelve más encarnizada. Los Curiossity, Opportunity o el afamado Pathfinder rascan la superficie de Marte. El futuro Valkyrie viajará 150 millones de kilómetros hasta Júpiter. Se posará sobre la superficie helada de la luna Europa. Perforará una capa de hielo de entre 15 y 30 kilómetros de espesor. Se sumergirá en busca de vida y regresará a su punto de origen para contarnos lo que encuentre. Algo digno de mención, pero no puede evitar parecer un cubo de basura.

Whellbarrow 1972

Un cubo de basura, un brazo, un canguro, una serie de monopatines marcianos… Asimo parte con la ventaja de contar con un nombre humano y análogo –al margen de la negación oficial de Honda– a la figura del prolífico escritor de Ci-Fi con connotaciones robóticas Isaac Asimov. Tiene aspecto humano –en su último modelo se asemeja a un niño dentro de un traje de astronauta–. Y lo más importante de todo, evoluciona. Asimo puede echar la vista atrás y retroceder hasta once veces en su árbol geneatrónico, algo que la mayoría de occidente ya no somos capaces de hacer.

Su estirpe se remonta a 1989 al departamento de ingeniería de Honda, donde buscaban crear un robot de ayuda doméstica para gente mayor o con dificultades motrices. Veinticinco años de paciente evolución son algo dignos de reconocer a sus ingenieros, aunque cabe suponer que el sueño de la cúpula de Honda no sea otro que el meter un robot en cada casa del planeta para justificar los gastos de las últimas décadas, pero ese es otro tema.

El “Asimo” primigenio, el E1, medía 188cm y pesaba 175kg. Era básicamente un simulador de paseo, y no lo hacía muy bien. El Asimo presentado este año mide 130cm y pesa 54kg. Identifica, agarra, entiende y responde a preguntas orales. Reconoce caras pre-archivadas, corre a 9km/h, sube y baja escaleras de manera coordinara y elegante, esquiva objetos. Destapa una botella y te vierte su contenido en un baso. Y lo más importante para ser el robot más famosos del mundo, jugó al fútbol con Barak Obama. Todo con solo un pack de baterías de 38 voltios y 10 amperios.

Asimo vs Obama

Asimo vs Obama

Y nada de todo eso importa por separado, la grandeza de Asimo radica en su “humanidad”, su capacidad para tener cientos de miles de pequeñas partes que se necesitan para hacer determinadas actividades, la mejora progresiva de esas partes y los añadidos en su “cerebro” que se centran hoy en día en intentar que la máquina obtenga varias resoluciones distintas y se vea obligada sin intervención humana a tomar una decisión al respecto–correcta o incorrecta– en base a su propio criterio. Podemos decir que le hemos visto nacer y crecer despacio, que le damos la oportunidad de sufrir “mutaciones” o de que surjan “vestigios evolutivos” imprevistos en su programación. No es que sea el mejor tomando decisiones. Por ejemplo hace unos años el Instituto Tecnológico de Korea creo el software SOINN, un algoritmo que permite a los robots que lo llevan implementado aprender de situaciones ya experimentadas o de “entablar una conversación” con otro robot con el propósito de obtener aprendizaje sobre materias concretas. Y hay más ejemplos, pero no se trata de eso porque para Asimo aprender no es importante. Para Asimo solo el tiempo es importante.

Asimo pasa de nosotros.

Asimo se despide hasta el año que viene.